En los próximos días, con la llegada del buen tiempo y subida de las temperaturas, el picudo va a iniciar una nueva generación de individuos, en ciclo corto, por lo que muchos abandonarán la residencia actual y buscaran una nueva para asentamiento permanente de su futura prole.
En este viaje de traslado, sin protección, se presenta frágil
y nos brinda la posibilidad de actuar para su exterminio.
Si fuera posible, una buena solución sería poner una red que
protegiera las palmeras para impedir que el picudo se acercara a ellas. Como
esta solución, además de descabellada es imposible, no tenemos otra alternativa
para protegerlas que, realizar fumigaciones, con lo que mejores resultados consigamos. Tenemos que
conseguir que el picudo las alcance para morir, que muera inmediatamente, y no pueda
depositar sus huevos que después colonizarán
como residencia permanente, y autosuficiente, para un periodo largo de su desarrollo.
Todas las herramientas que tengamos a nuestra disposición,
aunque sean pocas, las tenemos que utilizar para impedir que el picudo alcance
su destino, el interior de la palmera
Una vez que el picudo se encuentra de inquilino no hay forma,
ni insecticida, que sea capaz de ponerlo en la calle.
En mi particular campo de batalla,
puede imaginar, y con el picudo de enemigo, voy a utilizar, para este año, un
tanque de 500 lt., una bomba eléctrica a 220 voltios, sumergible, de potencia mínima,
una manguera de media pulgada que cubra toda la superficie que ocupan las
palmeras, un estilete, sin pulverizador, de los que se usan para regar las plantas
del jardín, y pimienta de cayena.
Estoy seguro, y con esperanza,
que con este ‘arsenal’ voy a vencer al miserable picudo por muy rojo que se
ponga.
Y así, con este gran trajín,
hasta otro día.