Antes gastábamos horas
y horas construyendo juguetes con "lo que fuera" y salíamos a jugar
con amigos con la única condición de regresar antes de anochecer. No teníamos
teléfono móvil, no existía, y nadie nos podía controlar.
Cuando, jugando, nos
hacíamos una herida, perdíamos un diente o nos rompíamos un hueso, que de todo
ocurría, no se demandaba a nadie. Nadie tenía la culpa. La culpa era nuestra.
Compartíamos todo.
Comíamos en el mismo plato y bebíamos en el mismo baso y nadie se contagiaba de
nada.
No teníamos PlayStation,
Nintendo 64, X boxes, Juegos de vídeo, cientos de canales de televisión,
grabadoras de sonido ni de video, sonido multicanal, subsónico, teléfono móvil,
ordenadores, fax y menos, mucho menos, Internet.
Solo teníamos AMIGOS pero éramos tan, pero tan, felices.
Y así, con este
trajín, hasta otro día
No hay comentarios:
Publicar un comentario