miércoles, 1 de febrero de 2012

Los cambios I



Antes, entre todos los amigos, fabricábamos una pelota con trapos y gomas viejas para jugar al futbol. Formábamos dos equipos, y cuando no todos llegábamos a ser elegidos,  no era un trauma para nadie.

Algunos estudiantes no éramos tan brillantes como otros y cuando perdías un año, sencillamente, lo repetías. Nadie te enviaba al psicólogo. Claro que tampoco teníamos móvil con cámara de vídeo ni Red "para colgar".

El que cometía una imprudencia y terminaba en la Comisaria, llegaba su padre y le molía el trasero. Nadie de Derechos Humanos presentaba un recurso de amparo a tu favor.
Cuando tus padres te "reñían", por lo que fuera, no los demandabas por violencia doméstica. Sencillamente, callabas porque sabias que la habías "pifiado". Como, sinó, te iba a regañar tu padre?

Antes cuando nacía un hijo, sus papás, desde el mismo momento de nacer, le otorgaban una serie de Derechos, a los que llamo, Fundamentales para que pudiera desarrollarse y cumplir con éxito su misión en el mundo al que acaba de llegar, es decir, hacerse hombre de bien.

Como no va a ser un Derecho Fundamental recibir alimentación, el aseo, el descanso, las caricias, oír una nana, el juego, la educción, oír la voz cariñosa y las risas de sus padres?.
Y desde que tiene conciencia del mundo que le rodea debe "sentir" que sus papás cuentan con él, que él es importante y que hablan de él de forma ilusionada.

Si un niño no "siente estos derechos" no se le podrá exigir que sea responsable y su  descendencia, si la tiene, tampoco los va a sentir.

Y así, con este trajín, hasta otro día.




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