sábado, 21 de enero de 2012

El aire que respiramos



Esta mañana, les cuento, pensaba que escribir sobre contaminación ambiental seria genial por ser éste un tema de permanente  interés. Además, había decidido, incluso, escribir sobre las partículas  contaminantes, que invaden las ciudades  y también, cómo no, de  los  puntos  con niveles de contaminación más allá de lo permitido. Pensaba si existirían  medios  para combatir estos puntos de alta contaminación de forma que, antes de alcanzar niveles peligrosos, podamos hacer que  vuelvan  a una situación aceptable de forma rápida y controlada. Tenía  todo, mentalmente, organizado y hablar, también, del tamaño de las partículas que analizamos. Estos son siempre interesantes temas para meditar.
Como tantas otras cosas, y más en el mundo microscópico, lo más grande es más fácil de atrapar y medir y justo lo contrario ocurre con las cosas más pequeñas. Así que, de acuerdo con mi teoría (¿), lo que medimos ahora es lo más fácil y sospecho que quedaran  otras partículas que, por su tamaño, no se  atrapan  ni se miden.

En cualquier calle que  gestiona diariamente un tráfico infernal éste es  constante desde muy temprano, por la mañana, hasta bien entrada la noche. Las partículas, generadas por sus motores, quedan en suspensión y son batidas, constantemente, por el tránsito de coches y, parece lógico, que éstas se dividan varias veces y lo que, al principio de producirse era una partícula de ‘gran tamaño’ e inofensiva, ahora sea, comparativamente, una partícula microscópica y peligrosa.

Además, nuestra vida se apoya sobre  artilugios que nosotros mismos hemos creado y, por más contaminantes que pudieran ser, no sabemos, no podemos o no queremos prescindir de ellos.
Cuando, como hoy, reflexiono sobre cosas de nuestro entorno, encuentro infinidad de razones para creer que nuestra milagrosa vida, se desarrolla en lugares imposibles. Y cómo siendo nosotros, como somos, los únicos seres ‘inteligentes’ en este mundo hemos podido organizar nuestro vivir en un medio lleno de perniciosas sustancias?

No deja de ser paradójico que vivamos en ambientes cada vez más contaminados por nosotros mismos, y que luego, en otro lugar, organicemos unos espacios, más sanos, para visitar y disfrutar de su paisaje y al tiempo que nos sirva de purificador y gigantesco pulmón. Y oímos ‘sí, la ciudad está muy contaminada pero tenemos un territorio de tropecientas mil  Ha. que, todos tenemos el deber de cuidar, para disponer de un trocito de mundo natural’.
Totalmente ilógico. Es como si alguien que tiene dos ordenadores, uno nuevo y bueno y otro menos nuevo y regular y solo utilizara el bueno los domingos y los demás días el regular. A nosotros nos ocurre lo mismo, estamos toda la semana viviendo en ambiente, regular, contaminado, y los domingos, vamos al campo con ambiente, bueno, sin contaminar.

Toda esta ‘pataleta’ está sustentada por mi creencia de que hay que trabajar, todos, para trasladar el campo a la ciudad. Cada rincón, plaza o solar, debemos sembrarlos de arboles de desarrollo rápido. Necesitamos purificar y oxigenar la ciudad al máximo, con urgencia, y los arboles son nuestros aliados. Nuestros balcones son lugares ideales para cuidar plantas, las que sean. Lo importante es que los balcones estén cuajados de verde y flores. Una vivienda con sus balcones ‘sin verde’ es una  vivienda deshabitada. Nuestra ciudad, por su clima, es ideal  para ello.

Tenemos que organizar asociaciones de barrio y de vecinos que se impliquen en esta importante tarea de plantar, regar y cuidar arboles. Y también para señalar, con criterios consensuados, que lugares son los más propicios para su plantación. Los jardineros serian una magnifica figura para orientar estas acciones.
Con el rio  contaminado, la vida para la mayoría de sus pobladores  es imposible. Para descontaminarlo se están realizando una serie de importantes y costosas obras.

A las aves, también muy importantes, se les ha adjudicado un espacio natural, una  súper zona, ZEPA, para su mayor proliferación y una vida más feliz.

A la personas, un espacio lleno de coches, contaminación lumínica, ambiental, acústica, radioeléctrica. Pero no podemos reclamar, tenemos que actuar y con urgencia, para modificar este contaminado espacio que nosotros hemos creado.
Mientras, el resto de seres viven en un ambiente contaminado, el nuestro, en  el que no intervinieron. Le asiste, por tanto, el derecho a su hábitat natural y nosotros la obligación de proporcionárselo.

Qué fuerte!!

Y así, con este trajín, hasta otro día.

Mañana más.   


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