viernes, 6 de enero de 2012

Una botella, el mar y el Blog





En la antigüedad, pero no tanta, el que sufría un naufragio y se perdía en el mar pero tenía la suerte de encontrar, no sin sacrificios y peligros, una isla, lo que hacía después de poner las ideas en orden era beber el agua que le quedaba en la botella e introducir en su interior un mensaje dando cuenta de su situación y demanda de auxilio. La necesidad de encontrar auxilio le hacía pensar que sería fácil encontrarlo. Cerraba la botella y la ponía en el mar, a merced de las olas. Ellas la mimarían unas veces y arrastrarían otras, pensaba, hasta algún lugar, aunque no fuera cercano, pero que al final le encontrarían. Y así pasaba sus días….., esperando.

En la modernidad, ahora, la función salvadora de la botella con el mensaje en su interior, para personas tan solitarias, o más, que las solitarias de una isla, la realiza un Blog. Nada es comparable con su velocidad para alcanzar miles de puertos. Con su endiablada rapidez le puede dar varias vueltas a la tierra mientras pestañeo, impresionado, pensando en ello.

Hoy, primer día del año, me encuentro como en una imaginaria y misteriosa isla. En la soledad más absoluta. Aunque tengo que apuntar que mi soledad es mucho más aburrida y monótona que si hubiera llegado a una isla en la que, imagino, tendría que poner toda mi atención y capacidad para defenderme de imaginarios peligros.

En mi casa, a diferencia de la isla, al no existir peligro por ninguna parte, creo, la seguridad se transforma en hastío, aburrimiento, etc.,
En la actualidad la fría tecnología acude en mi socorro para intentar sacarme de esta situación y me ofrece, en este caso, un teclado, para ‘pelearme’ con él, y una serie de Redes que, seguro, me van a recibir sin alterarse. Igual que la botella que echan al mar.

Cuando lo único que tenemos a nuestro alcance, para comunicar, es una botella y el mar, no sabemos cuándo, ni en qué lugar, alguien, va a leer nuestro mensaje.
Con las Redes Sociales, a pesar de su velocidad, ocurre lo mismo. Nunca sabemos cuándo, ni en qué lugar, alguien nos leerá.

Me hace feliz pensar que lo que escribo lo pueda leer alguien. Por eso lo hago. Y cuando, alguien que lo ha leído, me hace cualquier comentario no puedo contar lo feliz que me siento. Es como si, al final, recibiera la noticia de que la botella ha llegado a su destino.

Ahora, feliz y tranquilo, lo dejo hasta otro día. La tecnología

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