martes, 17 de enero de 2012

Las supersticiones no son cosas de antes



Hoy quiero hablar de cosas de antes. Antes, en mi infancia, cuando hacia cualquier travesura, mis padres, me amenazaban con que si no era bueno iba a venir  ‘el tío saín’ o ‘el duende de Zaragoza’. Eran las dos imaginativas figuras, según mi recuerdo, que tenían, aquí en Murcia, un especial poder para infundir temor entre las personas, grandes y pequeñas.

A  ‘el tío saín’ me lo imaginaba  alto, delgado, con larga y cana barba, desaliñado,  despeinado, con pelo cano y largo,  desdentado y con un saco a la espalda.  En mi joven mente, su aparición, siempre imprevista, se produciría, creía,  mientras caminaba  entre trigales o maizales que era lo que, en aquellos años,  existía en la actual huerta de Murcia. Entonces sí que era una huerta. Había muy pocas viviendas y mis amigos siempre estaban, para mí, crio asustado, lejos. Esto originaba que siempre que iba a sus casas sufriera por el miedo que me producía la imaginativa aparición del  tío saín.
En casa, la figura que empleaban mis padres  para controlar la situación, era la del  duende de Zaragoza y éste, decían, entraba por la chimenea.

Al duende, por ser un duende, jamás pude imaginar su imagen física. Nunca concreté mentalmente  como podría ser, pero si recuerdo que, cuando me acostaban, mi madre, además de darme un montón de besos, me decía que si era bueno no vendría el duende.  Podéis imaginar lo que hacía cuando mi madre me tapaba, me transformaba en un cuatro inmóvil.

En otros lugares, en aquel tiempo, imagino, la superstición  ‘crearía’ otro tipo de cosas para mantener el control con el miedo a lo desconocido. Por eso, conforme la humanidad se hace más culta se van cambiando las supersticiones.

Por cierto, saben que en una isla de La Palma han apagado una central de telefonía móvil por miedo?  Por lo que he leído, publicado en los medios, parece que han aumentado los casos de cáncer y creen que es debido a los sus efectos, perniciosos  para la salud.

Hace unos días leía una noticia en un periódico de Las Palmas cuyo título es ‘La telefonía móvil y la salud en Canarias’.

Lo que la articulista decía, entre otras imaginaciones, ante los restos  inservibles de un cambio de antena de una  torre de telefonía móvil es lo siguiente:

“Sus restos, que se suponen residuos clasificados, y las cajas de cartón que contenían la nueva antena permanecieron durante semanas junto a los contenedores de basura. “

Confusión entre los campos radioeléctricos y la radioactividad.

Ni las antenas, que son de aluminio, ni sus cajas, que son de cartón, ni nada de lo que hay instalado en una torre de telefonía móvil son materiales clasificados. Son materiales que se pueden comprar, libremente, en el mercado, como los teléfonos móviles. Un teléfono móvil, a pesar de su insignificante apariencia física y aunque no tenga forma de torre, funciona igual que una torre. Genera la misma frecuencia de ondas y la  misma, o más, potencia y lo llevamos, tranquilamente, colgado de la oreja.

Por eso es que, en esta vida, y para cada momento,  hay una superstición.

Otro día más

No hay comentarios: